domingo, 19 de octubre de 2014

¡Pásamela!




A pesar de que mi señor padre fue una figura notable del futbol mexicano, les puedo decir que en mi casa no había balones. Mi diversión giraba más bien alrededor de explorar azoteas en la privada donde vivía, satanizar a mi pobre cocker spaniel, y escaparme a la prepa de un lado a gritarles obscenidades a los estudiantes mientras estaban sentados todos calladitos en sus pupitres y el maestro daba alguna lección.

Siempre fui bien recibido.

Fui un niño bastante inquieto, aunque si le preguntan a mis papás o a cualquiera de mis tíos, la palabra que utilizarían para describirme seria más altisonante. En esa privada (Las Palmas en Cuernavaca) no había más que otro niño, Ricardo, hijo de mis padrinos y de apenas un año de edad. Mi hermana Paola venia en camino y mis opciones de tener una pandilla estaban sumamente limitadas.

Estando así las cosas, la primera vez que patee un balón de futbol fue en el ardiente y húmedo césped del legendario Agustín “Coruco” Díaz.


Por aquel entonces mi papá tenía un Ford Mustang 72’, blanco, con rines cromados que en lugar de tener alguna figura o estrella tenían como tipo rayos de motocicleta. No he visto desde entonces otros iguales. Pero aquí es donde la memoria se torna un poco selectiva, porque también tenía una Brasilia guinda que hacía la Volkswagen que la verdad encuentro más atractiva ahora que en aquel entonces. Para propósito de esta historia imaginemos que el carro en el que mi papá me llevó por primera vez a un entrenamiento del Zacatepec fue la Brasilia.

Por supuesto que recuerdo los detalles como entre sueños. Era yo apenas un chamaquito de tres o a lo mejor cuatro años de edad. Lo que sí recuerdo es que la ocasión era memorable, sin precedentes. Lo acompañé mientras preparaba su maleta. Recuerdo ese olor particular del momento, una mezcla entre árnica, alcohol de caña, y aceite de bebé. El mismo olor que permeaba el vestidor del “Coruco”. Tal vez el mismo olor de cualquier vestidor de futbol de aquella época, aunque a mí me gusta pensar que en ese estadio todo era más místico.

También recuerdo claramente el camino al estadio. Recuerdo salir de la ciudad al campo abierto por la autopista Cuernavaca-Zacatepec y pensar que iba en camino al lugar más lejano del mundo. Recuerdo preguntarle a mi papá acerca de los valles que se extendían en el horizonte, y también recuerdo como la temperatura subía cada vez que nos acercábamos más al pueblo de Zacatepec.

Tengo una memoria muy clara de la gigantesca chimenea humeante del ingenio cañero que se alcanza a ver desde las afueras del poblado. Y recuerdo también la caña de azúcar, millones y millones de cañas que se erigen como gentiles y pacientes guardias que esperan el momento de la cosecha para ser sacrificadas en aras de endulzarnos un poco la vida.

Y también recuerdo llegar al “Coruco”.


Voy a ser crudo, pero cuando llegué a las afueras del estadio no se me hizo nada del otro mundo. Un portón verde flanqueado por un muro blanco de concreto común y una tienda de jugos y refrescos empotrada en la construcción como si fuera taquilla nos daban la bienvenida. A través del portón una explanada de forma irregular hacía las veces de estacionamiento y vestíbulo del viejo coloso. A la derecha se alcanzaba a ver un espacio empastado y al fondo de este una barda con el dibujo de una portería con números en cada esquina interior y en el centro. “Para practicar la puntería” me dijo El Harapos.

Y frente a nosotros entre árboles frondosos, una sosegada lluvia de ceniza, y un sol implacable; el estadio.


Ya han pasado más de 30 años, pero si cierro los ojos todavía lo puedo ver. Las entradas de los vestidores, el de local en medio, y el de visitante más al fondo. La pared blanca con detalles en verde tan alta como las gradas, y el techo de lámina en la cima. La tienda de cerveza en el pasillo de entrada a las gradas. Las sonrisas de quienes veían a mi papá y el gran interés que desataba mi presencia.

“¡Quiubo Gallo!” me saludaban los señores mientras yo seguía a mi papá.

El contraste de energía fue palpable en cuanto entramos al vestidor. El lugar estaba lleno de ojos vivarachos, y de carcajadas, mentadas de madre, el ruido de las regaderas, el abrir y cerrar de las puertas de los gabinetes de cada jugador, el sonido metálico de las pesas golpeándose mientras alguien se ejercitaba, y del eco de todos estos ruidos rebotando en las paredes de concreto del lugar. Vibrante en toda la extensión de la palabra.


Y ese olor de árnica, aceite de bebé, y alcohol de caña.


Yo caminé, siendo un chamaquito, entre la algarabía del grupo que logró la liguilla 4 años seguidos del ’78 al ’82. No tardé en entrar en confianza, y en tan solo unos momentos recorrí  todo el lugar y “descubrí” la entrada al campo de futbol.


Eran unas escaleras que bajaban algún metro y medio de un pasillo ancho a un descanso. Por ahí entraban oleadas de aire caliente y húmedo, y un olor a zacate que todavía extraño. Baje timoratamente los escalones que llevaban a este lugar desconocido para mí. Una luz cegadora se abrió paso entre barras horizontales de acero y en cuestión de segundos se esclareció para develar ante mí una planicie de unos 100 metros de césped rodeados de gradas más grandes que la vida misma.

Subí los escalones que llevaban al campo y caminé bajo el sol ardiente detrás de la portería sintiendo como mi cuerpo inmediatamente comenzaba a sudar profusamente. Ahí había una bolsa llena de balones. Eran blancos con unos círculos verdes enormes. Dos porteros estaban ya practicando. Tomé con mis pequeñas manitas de infante una de las pelotas al tiempo que una voz detrás de mi me decía “No agarres el balón con las manos cabrón. Tiene caca.”

Inmediatamente solté la pelota, y entre risas mi papá me dijo al tiempo que se movía “¡pásamela!”

jueves, 12 de diciembre de 2013

Jugando ajedrez con Dante

Jaque

Comencé a jugar ajedrez en algún momento de mi adolescencia. La verdad no sé ni cómo ni cuándo fue, pero lo que sí recuerdo es cuanto disfruté el ir descubriendo poco a poco las complejidades del juego. También recuerdo que en mis comienzos el jaque mate parecía una especie de misión imposible para la cual había que conjugar un sinnúmero de condiciones tan crípticas y elusivas que llegué a pensar que pasarían años antes de que pudiera lograr mi primer triunfo. 

Terminé no esperando tanto esa anhelada victoria, pero sin contrincantes con quien practicar constantemente no fueron muchas más las que llegaron después de la primera. Así pues, a principios de los noventas tenía mi tablero impecable y nadie con quien jugar. 

Después de un tiempo el tablero terminaría en el armario y yo jugando maquinitas.

Tendrían que pasar muchos años para que por fin encontrara en mi compadre un rival con quien lidiar por la captura del rey enemigo. Fueron muchas batallas épicas en las que había un interés genuino por seguir aprendiendo y mejorar. Pero la verdad es que éramos austeros. No había una disciplina como tal, y jugábamos al más puro estilo chúntaro. Eso sí, con mucho corazón y chingo de ganas por aquello del orgullo propio.

Ya después tuve la fortuna de encontrar más amistades que se interesaban por la disciplina, y no era raro que se armaran las partidas hasta altas horas de la noche en agradables veladas bohemias disfrutando algún café. Estamos hablando de hace 10 años aproximadamente.

Y luego dejé de jugar. 

Hace un par de semanas baje una aplicación para jugar online. Y como el pequeño gran Dante no me deja ni para ir al baño, pronto mostró interés el juego. Tuve la puntada de relacionar las piezas con personajes de Star Wars como un “plus” y pues más emocionado todavía el muchachillo. Me estuvo viendo jugar algunos juegos. Lo deje jugar contra la computadora algunas veces, lo cual era básicamente dejar que estuviera moviendo las piezas a su gusto. 

Al principio no sabía si solo era algo pasajero, o si solo era por ser novedad y en la computadora. Cual va siendo mi sorpresa cuando una mañana al cabo de un par de días encuentro  en el comedor un tablero de ajedrez con las piezas dibujadas en fichas,

“¿Y esto, tú lo sacaste?” Le pregunté a Tania. 
“No. Anoche mientras leías en la recamará vino Dante y lo sacó de una de sus cajitas de juguetes donde tiene varios juegos de mesa,” me explicó mi mujer. “Para jugar con Papá dijo”.

Como se podrán imaginar, casi me conmueve hasta las lágrimas la situación. Ese día después del trabajo le di una explicación un poco más elaborada de cuáles eran los personajes involucrados en el juego y sus movimientos adecuados y eso fue suficiente para que su imaginación volará y se metiera de lleno al juego. 

Ya tenemos casi una semana practicando, y les reporto con sumo gusto que ya sabe mover las piezas adecuadamente. Todavía batalla un poco con el caballo, pero entiende el concepto de proteger a su rey, y capturar las piezas enemigas cuando están disponibles.  

Tal vez es pronto para decir cuánto le durará el gusto, pero por el momento todo parece indicar que tengo compañero de juego para rato.


sábado, 6 de octubre de 2012

El iPod del Dalai Lama

Era un atardecer soleado en las colinas de Dharamsala, a los pies de la cordillera del Himalaya. Su Santidad, el Décimo Cuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatzo, paseaba por los pasillos del templo que había hecho su hogar desde hace ya casi 50 años, cuando se vio forzado a salir al exilio luego de la invasión de China al Tibet.


Su Santidad se encaminó hacia la puerta trasera del recinto moviéndose a un paso lento pero cadencioso, al tiempo que contoneaba su cuerpo de lado a lado rítmicamente, como en un trance hipnótico. Varios monjes que caminaban plácidamente en el templo tuvieron que moverse a un lado, so pena de ser arrollados por el Dalai Lama, que al parecer caminaba con los ojos semi-cerrados.

Una vez alcanzado el viejo portón trasero, en un movimiento lleno de destreza y agilidad Su Santidad recorrió el oxidado cerrojo que mantenía asegurada la morada y salió al patio exterior seguido por la mirada curiosa de aproximadamente 29 monjes que habían interrumpido su meditación para observar perplejos las acciones del Supremo Maestro.

Una vez en el patio externo, Su Santidad siguió su andar en forma de vals hasta la cúspide de una colina sobre la cual descansaba un viejo roble. Giró sobre sí mismo y se percató de que algunos monjes habían salido a observarle. Sonrió ligeramente, y abriendo los brazos dio una vuelta más para por fin recargarse en el árbol mientras seguía moviendo su cabeza con cierta cadencia.

De entre los monjes se abrió paso un joven de cabellos rubios ataviado con pantalones y guayabera de manta blanca. Observó la ubicación del Supremo Maestro y de reojo miró a los monjes a su alrededor que uno a uno comenzaban a sentarse en posición de flor de loto mientras el sol caía en el horizonte proyectando las sombras de Su Santidad y el enorme árbol a lo largo del patio.

Dando cuenta de la oportunidad que tenía ante sí, el joven se dirigió hacia el Dalai Lama. Mientras el joven se aproximaba al sumo budista, quién a su vez se encontraba contemplando el atardecer, se percató que este tarareaba una canción en tibetano. Estando a un metro de distancia y después de un suspiro para componerse a si mismo se dirigió a Su Santidad.

"Maestro," dijo timidamente el joven a tiempo que inclinaba ligeramente su cabeza, "solicito humildemente una audiencia con usted". Por su parte, el Dalai Lama continuaba absorto en su abstracción, tarareando su canción y contoneando su cabeza al ritmo de esta.

"¿Su Santidad?" inquirió el joven después de esperar la reacción del Dalai Lama por casi un minuto. Y Su Santidad comenzó a cantar. Ahora, este joven era muy respetuoso de todo lo que el Monje Supremo representaba y lo menos que quería era faltarle al respeto, pero esta era una oportunidad dorada y no estaba seguro de cuánto tiempo más iba a tener la opción de estar tan cerca de él, así que haciendo un acopio de arrojo elevó la voz y dijo "¡Maestro!" sobresaltando Al Iluminado y a uno que otro monje de los que meditaban en silencio al pie de la colina.

Finalmente Su Santidad se volvió sonriente para encarar al joven a tiempo que hacia una reverencia que fue rápidamente correspondida por el muchacho. Acto seguido, el Dalai Lama se sacó unos audífonos de los oídos y un iPod del bolsillo interno de su bata. Apago el aparato y centró su atención en el perplejo joven.

"Buenas tardes joven", dijo Su Santidad.
"Maestro, disculpe usted la interrupción, pero es que…" trastabillo para continuar.
"No te preocupes. Ya estás aquí. ¿Cómo te llamas?"
"Sergio, Maestro."
"Y en que te puedo ayudar."
"Maestro, veo que tiene usted un iPod…"
"Desde luego," contesto el hombre sagrado.
"Pero… no entiendo… ¿Que no se supone que las posesiones materiales corrompen el espíritu?"
"Me encanta la música." Su Santidad miro a Sergio con comprensión y bondad, le tomó el hombro y le dijo "La esencia de la vida espiritual está formada por nuestros sentimientos y nuestras actitudes hacia los demás."

"¿Pero entonces por qué me reprocho el tener las cosas que tengo maestro?" cuestionó Sergio. El Dalai Lama dio cuenta de la preocupación del muchacho y con una señal de la mano le invitó a caminar junto con el por el jardín. Al cabo de haber dado unos pasos Su Santidad habló nuevamente.
"Duda de lo que quieras, pero nunca de ti mismo".

Sergio miró por fin a Su Santidad a los ojos y se dio cuenta de que el hombre, la persona que representaba la encarnación del mismísimo Buda en esta tierra le daba toda la comprensión que en ese momento necesitaba sin exigirle nada a cambio, sin pretensión alguna.

"Pero es que me enojo mucho conmigo mismo Maestro, el no saber si estoy siguiendo el camino correcto", dijo Sergio haciendo un ademán con las manos.

"El enojo, el orgullo y la competencia son nuestros verdaderos enemigos. Nunca se puede ser feliz con actitud de ira." Siguió caminando el Dalai Lama y agregó, "Si somos ricos o pobres, educados o no, cualesquiera que sea nuestra nacionalidad, color, estatus social, o ideología, el propósito de nuestras vidas es Ser Felices".

Sergio respiró profundamente al escuchar las palabras de Su Santidad y siguió caminando a su lado. Pensó en todos los cambios en su vida. Pensó en todas las decisiones que había tomado en los últimos años. Pensó en su búsqueda interna y su deseo de entender la vida y lo que significaba el existir.

"Maestro, le veo tan lleno de paz… no sé, tan tranquilo y sonriente todo el tiempo. Hay veces en los que siento una gran presión en la boca de mi estomago, hay veces en las que no encuentro mi lugar y sigo buscando, y buscando y las respuestas no parecen venir de ningún lado. ¿Cómo lo hace Maestro?".

Su Santidad sonrió, y tal vez pensó que esta no era la primera vez que escuchaba esta pregunta, pero él estaba consciente de que esa sensación era de lo más común, siempre lo había sido y probablemente lo seguiría siendo para muchas personas por muchos siglos más.

"Estoy dispuesto a dejarme guiar por las sincronicidades y no dejar que las expectativas entorpezcan mi camino. Encuentro esperanza en lo más oscuro de cada día y me concentro en lo más luminoso. No juzgo al Universo”.

Las palabras de Su Santidad resonaron en el interior de Sergio. Miró a sus alrededores y dio cuenta por fin de la belleza del paisaje. Estaba tan absorto en la conversación que no se había percatado de la impresionante majestuosidad de las montañas y la extensión de las llanuras.

"Me podría ir a una cabaña y vivir en soledad…" pensó en voz alta Sergio. El Maestro, sin detener su paso, ponía atención al joven y sonreía al escuchar las palabras de este.
"Podemos sobrevivir sin religión y sin meditación mas no podemos vivir sin afecto humano. El cariño paternal, el contacto físico, la ternura amorosa hacia todos los seres vivos, la responsabilidad social y la atención especial a los menos privilegiados, todos estos conceptos son tan simples de entender. Entonces, ¿por qué su práctica parece costarnos tanto?”

"¿Entonces vivir en soledad, alejado de la corrupción de la sociedad, del materialismo y consumismo no me serviría de nada Maestro?"
"Es mucho mejor hacer amigos, comprender mutuamente y hacer un esfuerzo para servir a la humanidad antes de criticar." aseguró Su Santidad al tiempo de que daba un pequeño salto sobre un charco de agua para evitar mojarse las sandalias.

"Hacer amigos..." meditó el joven.

“Para poder valorar mejor a los demás, es importante primero reflexionar sobre el error de valorarnos a nosotros mismos y en la cualidad de apreciar a otros. Si estimamos a los demás, entonces nosotros y los otros seremos felices."

"Es que a veces me siento tan débil maestro, ¿Cuándo termina este sentimiento… como de vacío?"
El Dalai Lama detuvo su paso. Vio al resto de los monjes que meditaban en silencio en las afueras del templo, se acomodo la túnica y miró a Sergio a los ojos. Era una mirada serena y genuinamente curiosa. Era como una contemplación llena de tranquilidad, como sabiendo que el joven seguiría su camino, un camino largo lleno de crecimiento y aprendizaje.

"El verdadero practicante debe ser un soldado que combate incesantemente contra sus enemigos interiores.”

"A veces siento que me pierdo, como que vivo en una existencia que no es la mía, y luego dudo Maestro".
"Cuando dudo de mi existencia, me pellizco.", rió el Maestro contagiando de su alegría a Sergio que también sonrió ante la verdad y simpleza de tal aseveración. 

Dos monjes salieron del templo y se dirigieron hacia donde Sergio y el Maestro conversaban. El Dalai Lama sacó de nuevo su iPod y se colocó los audífonos. "Aprende las reglas, así sabrás como romperlas apropiadamente." dijo Su Santidad a tiempo que se encaminaba cadenciosamente a encontrarse con los monjes que se dirigían hacia él.

Sergio hizo una ligera reverencia a manera de despedida, "Le agradezco mucho su valioso tiempo Supremo Maestro", dijo respetuosamente mientras se inclinaba.

"Yo… Solo soy un simple monje Budista," dijo El Dalai Lama mientras sonreía.


NOTA: Las citas oscurecidas son palabras que en algún momento ha pronunciado o escrito Su Santidad el Dalai Lama.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Hablemos de dos cuerpos


Dos Periquitos
Mi relación con la poesía ha sido de una constante discordia, por decirlo de alguna manera. Es una de esas situaciones que te tienen en una especie de conflicto interno (pero de esos que parece que no te llevan a ningún lado). 

Por una parte, siempre he admirado la capacidad de expresar de un poeta. Sí, me desespera cuando alguien dice que “no hay palabras para blah blah blah,” porque la verdad es que creo que sí las hay, solo que no todos las sabemos. En el peor de los casos, si no hay palabras específicas para expresar algo, creo que por lo menos nos podemos acercar bastante con alguna analogía o metáfora.

Por otro lado, creo que lo que me llega a disgustar es cuando encuentro algunos intentos de poesía sumamente presuntuosos o artificiales, cuando creo que él escrito cumple una función de enaltecimiento propio del autor y no una expresión artística genuina. Pero pensando un poco más al respecto, no sé si esto sea más bien un reflejo de mi persona y no del poema/poeta en sí. Tal vez un poco de las dos. Tal vez todo escrito es en realidad un esfuerzo egoísta de glorificación personal. Sin embargo, no puedo dejar de reconocer que me apasionan las letras y que me emociona cuando lo escrito me conmueve.

En esta ocasión quiero comentar Dos Cuerpos de Octavio Paz. Una de las razones por cuales escogí este poema es precisamente la humildad de su contexto y su simplicidad. Esto de ninguna manera significa que el poema no tenga una textura rica y diferentes niveles de apreciación, porque Paz no deja de mostrar una enorme sensibilidad por las imágenes, emoción profunda y un ritmo sumamente digerible. Aquí el escrito:

Dos Cuerpos

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

- Octavio Paz

El tema, evidentemente carnal, es también romántico y surrealista, aunque en la longitud del escrito jamás se mencione al amor. No hay romance de una forma explícita o una alusión clara a motivos amorosos tradicionales, como colores tibios, imágenes suaves, flores o recuerdos pasionales. El poeta toma otra dirección.

La imagen de Dos cuerpos frente a frente presenta inmediatamente un contexto de intimidad, pero luego el poeta los lleva a proporciones metafóricas y los compara con las olas del océano. Encuentro admirable el erotismo implícito en ésta comparación que le da a los cuerpos una dinámica, ritmo, como un vaivén constante de amantes cobijados por el océano como la noche.  

En la segunda estrofa, la relación entre estos dos cuerpos cambia dramáticamente ya que van de esa imagen fluida y dinámica a dos piezas estériles e inmóviles, ahora como dos piedras mientras que el desierto hace las veces de la noche. La relación es clara, desde que estas imágenes evocan una relación real en el sentido de que no todo es miel y romance ni tampoco lo opuesto.

Después los cuerpos se vuelven a encontrar, presumiblemente bajo condiciones más favorables, al ser comparados a las raíces que están en la noche enlazadas. Lo que hace aquí Paz es seguir en esa línea sutil, intima (y decididamente erótica), con un juego de palabras que presentan otra imagen de intimidad profunda.

Entonces Paz comienza a cerrar de una manera incisiva el poema comparando a estos dos cuerpos que ya fueron olas, piedras y raíces, con dos navajas. Tal vez no sea la manera más confortante de imaginar dos cuerpos. La imagen de dos navajas no es muy romántica en sí. Luego, la noche como relámpago haciendo alusión a una furia e inclemencia pueden dejar al lector algo sacudido y consternado. Pero es así como el autor refleja su versión de lo que pudiera ser una realidad y al mismo tiempo crear un balance.

Las relaciones tienen todos estos matices (y más aún) y en cualquier momento se puede ser como las olas, o como las navajas: hay caricias que parecieran interminables, y hay momentos de indiferencia y los hay en que la misma presencia de otra persona lástima, como las navajas y hay una intimidad intensa como cuando dos cuerpos son como las raíces entrelazadas.

Paz hace también una especie de ejercicio de comparación naturista en el que elementos primarios como lo son el agua (mar), el mineral (Piedras), la madera (raíces) y el metal (navajas) son los dos cuerpos en diferentes etapas. Pudiéramos alegar que los cuerpos son lo anterior en todo momento, y tal vez ahí es a donde va Paz con el último párrafo, en donde eleva al poema más allá de lo terrenal y tal vez lo cognitivo, como puede ser la vida misma o el concepto de lo que es vivir. La vida es tan frágil y las metáforas tan eternas.

dos cuerpos frente a frente/ son dos astros que caen/ en un cielo vacío/

En este final no duda el poeta de su conclusión. No es a veces como en los párrafos anteriores. No es un acto aislado o circunstancial: dos cuerpos indudablemente son esos astros que caen en el cielo vacio casi como por accidente y vulnerables ante la infinidad. Y sucede esto de una manera tan irremediable que la situación de tan sublime se vuelve algo universal y natural: nos envuelve, y tal vez todos caemos eternamente en el vacío.

martes, 1 de noviembre de 2011

Cascada de palabras durante un amanecer anómalo

Foto por: Tania Franco
Este relato puede sonar algo extraño, pero habría que analizar el contexto en el que se dieron las cosas para poder emitir un juicio más certero o cuando menos algo imparcial. En primer lugar no hay drogas psicodélicas involucradas en lo que a continuación se narra. En segundo, existe una etapa letárgica entre el despertar y el sueño profundo que va desde la somnolencia al sueño ligero y que se caracteriza por formar un puente inmaterial entre la inconsciencia, subconsciencia y conciencia.

Lo interesante de todo esto es que la mente no reconoce la diferencia entre un estado o los otros. Entonces, a final de cuentas, todo es parte de la realidad.


Ocurrió hoy en la mañana, con pausa y pachorra primeramente y más adelante con mayor velocidad mientras me incorporaba en la cama. La única explicación puedo a dar acerca de este extraño e inaudito fenómeno es que la ley de la gravedad acusando sus efectos sobre todos los elementos del universo me jugó una broma tomando ventaja de mi estado aletargado.

Después de una sonora sacudida al timbrar el despertador, mientras me levantaba, se escurrieron desde los canales de mi central nerviosa y se deslizaron poco a poco por mi cuello, nuca y espina dorsal todas las palabras que uso cotidianamente y también aquellas que tenia guardadas desde hace mucho tiempo en el tintero de mi parietal derecho, donde se quedan generalmente los olvidos. Si, suena raro, pero ahí estaba yo sentado en la orilla de la cama cuando una a una fueron cayéndo y deslizándose por todo mi cuerpo sin que pudiese o pensase en hacer algo al respecto.

¿Y saben? No fue una caída dramática. Ni siquiera un evento trascendente o memorable. Fue más bien algo circunstancial. ¿A poco no sucede que las cosas son menos dolorosas y más fácilmente justificables cuando se dan circunstancialmente? Como que así uno se deslinda de responsabilidades incomodas. La caída entonces como les decía fue lenta y parsimoniosa PERO sin embargo con un dejo de dignidad, y casi casi como que con una cuota de elegancia. La situación me recordó por un momento la marcha de las vocales de Cri-Cri.

Me ponía de pie algo aturdido y entumecido por la revolución interna que me acosaba y resbalaron una tras otra palabras como “atorado,” “trastada” y “diligencia.” Cayeron primero estas como cae el agua de una cascada que golpea en su precipitación a una roca partiéndose por la mitad, solo que en vez de gotas, estas descomponían en vocales y consonantes. En su descenso, verbos y vocablos no encontraban rocas a su paso, sino huesos, coyunturas y ligamentos.

Una fracción de ellas escurrieron a lo largo de mi brazo izquierdo. Bordearon en su recorrido las tres cicatrices que tengo en el codo a tiempo que rebotaban de un lado a otro debido a las arrugas del mismo. Se dejaron caer a borbotones sobre el antebrazo hasta llegar a la muñeca donde hicieron una ligera pausa, como si tuviesen consciencia, al percatarse de la proximidad del final del camino. Poco a poco saturaron la palma de mi mano, como un panal de abejas, antes de proyectarse una a una tomando turnos muy ordenadamente para salir a toda velocidad usando como trampolín cada uno de mis dedos.

La misma historia se repitió en el hemisferio derecho de la parte superior de mi cuerpo, con la ligera diferencia de que por ese lado se escapaban uno a uno verbos y adverbios, mientras que por el izquierdo deslizaban casualmente los adjetivos y artículos. Anonadado, y algo somnoliento (eran apenas  las 5:34am) fui testigo de cómo cada una de mis palabras favoritas se precipitaban al vacío y las que seguían completas rompían por fin en letras individuales al golpear la cerámica del suelo convirtiendo a la habitación en una gigantesca sopa de letras.

Ya de pie y sintiendo un cosquilleo general en mi torso y brazos, el resto de los términos y expresiones se deslizaban hasta mis tobillos, no sin antes viajar por muslos y rodillas. Una vez abajo, y ya con la cercanía del suelo el sonido enérgico de un “bam” que desprendían al impactar las que caían de más alto se volvía un apenas audible “toc” que emitían las que saltaban apenas desde mi empeine, y estas sin romperse quedaban regadas completas en el piso y mientras me encaminaba hacia la regadera quedaron también algunas más en el pasillo y vestíbulo del baño.

Mientras calculaba la temperatura ideal para la ducha matinal las palabras seguían escurriendo y cayendo despotricando en sonoros “bams” y “tocs”. De esta forma pronto la regadera estaba saturada de consonantes y vocales sueltas mientras que algunas palabras como “cohesión” y “adherida” fieles a su idiosincrasia se mantenían en una sola pieza.

Admito que sentí un poco de alegría cuando vi palabras como “hipocresía”, “tiranía” y “fracaso” irse por el resumidero, y preocupación cuando por el rabillo del ojo izquierdo me percaté de que “incondicional” descendía por mi antebrazo mezclada con la espuma del champú. Yo creo que ha de haber sido la inevitable naturaleza de la conformidad la que me impidió tratar de sostenerla, lo mismo que a otras como “cariño” que se disolvía con el jabón o particularmente “amistad,” que se quedo atorada en la coladera prácticamente la duración completa del baño.

Una vez fuera de la regadera me di cuenta de que las que se quedaron tiradas en el camino seguían ahí, esparcidas por toda la casa. Tania, mi esposa, acostada todavía no se percató de la situación y menos mal porque tal vez se hubiese preocupado, y más al ver como Nini, la gatita, se batía en silencio en una esquina con dos verbos que comenzaron a flotar por alguna extraña razón.

De repente todas las palabras y letras que ocupaban el suelo se empezaron a elevar llegando pronto al techo, después de todo vivo en un departamento pequeño, y no teniendo a donde más ir comenzaron a disolverse cual burbujas de jabón sin hacer el más mínimo rumor.

Estaba prácticamente seguro de que no quedaba ni una sola palabra más en mí, por eso ni intenté preguntarle a Tania si quería café una vez que toda la conmoción se había diluido. Me dirigí de nueva cuenta a la recamara a terminar de secarme y prepararme para ir a trabajar, aunque tenía la duda de si iba a ser productivo en la chamba sin tener herramientas con que comunicarme.

En esas estaba cuando Nini se acercó a mí ronroneando con una palabra entre los dientes. Al principio no le puse mucha atención, pues pensé que se trataría de otra mala pasada de un amanecer anómalo, pero alcance a darme cuenta de que la palabra que la gatita sostenía con el hocico era “infinito.” La soltó y no cayó. Se elevó ligeramente a la altura de mi frente y comenzó a brillar en un fulgor incandescente que no lastimaba mientras que emitía un calor arropador que pronto envolvió la recamara entera en un dulce sopor de luz tibia que fue aumentando en resplandor.

Entonces vinieron a mi todas las palabras que acababan de escapar hacia apenas diez minutos, las que uso cotidianamente y también aquellas que tenia guardadas desde hace mucho tiempo en el tintero de mi parietal derecho donde generalmente van los olvidos. Así, sentado a la orilla de la cama, una a una fueron regresando a mí y recorriendo todo mi cuerpo sin que pudiese o pensase en hacer algo al respecto.

“Buenos días amor”, me dijo entonces Tania mientras estiraba los brazos al despertar.

“Buenos días, preciosa. ¿Quieres café?” le contesté.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El orgullo de ser mexicano… ¿Y el orgullo por la humanidad?


Mis amigos del Blog Elegante escribieron un artículo muy interesante acerca de la FALSA MEXICANIDAD. El autor se pregunta de qué tanto sirve expresarse en inconformidad y si las palabras no volarán sobre oídos sordos. Yo digo que siempre que haya una manifestación (ya sea implícita o expresa) habrá alguna resonancia. Si bien esta puede ser en diferentes medidas, lo importante es que se produzca el movimiento y que con ese impulso inicial poco a poco la ideología cobre forma y fondo.

Es evidente que la situación actual en el país tiene frustrados a muchos, pero sucede que los seres humanos tenemos una memoria muy corta, además de un sistema inmune muy sofisticado que nos arma de mecanismos de defensa que crean resistencia ante prácticamente cualquier malestar, ya sea físico o mental.

¿Imaginen estar todo el tiempo con la preocupación de nuestra integridad física? Qué horror. Mejor le gritamos a la tele los fines de semana echándole porras a las Chivas (o al América como mi Lic. Velasco) o nos ponemos hasta las cachas cada fin de semana o simplemente nos desensibilizamos ante las atrocidades cometidas y hacemos chistes idiotas de todas las barbaridades que hemos hecho como humanidad para “aminorar” el dolor que causan. Mejor nos reímos de ellas.

Se dice que hay un posible “déficit cognoscitivo” en nuestro pueblo, pero lo que yo veo es que este no es exclusivo de los mexicanos y mucho menos es ficticio. Es muy real. Existe en todo el mundo y es algo grave. Claro, hay porcentajes y va a haber pueblos que tienen esta deficiencia mucho más aguda, pero estoy seguro de que las diferencias entre unos y otros no son tan pronunciadas como inicialmente pudiese uno pensar.

En mi opinión, el “orgullo patrio” no es más que otro original invento creado y fomentado por aquellos a los que “la patria” como tal ni les va ni les viene. Es un invento y un producto que sirve más intereses comerciales y políticos (que a final de cuentas son lo mismo) y que se encarga de tener un control relativo sobre una determinada población para poder explotarla al máximo y para poder armar ejércitos que serán utilizados para cuidar esos mismos intereses político-comerciales todo “en nombre de la patria.”

Y esto es verdad en TODO el mundo.

Orgullo patrio… y luego orgullo de ser jalisciense, defeño, tijuanense, sinaloense y de donde quiera que se sea, ¿De qué sirve? ¿Y porque sentirse orgulloso de algo tan arbitrario como un lugar de nacimiento? ¿Y si los padres son de sonora y el chamaco nace en Mérida? ¿De dónde se va a sentir orgullosa esta criatura? ¿Por qué no sentirse orgullosos de quienes somos como INDIVIDUOS y de nuestras relaciones personales con las personas que nos rodean? ¿Por qué no simplemente sentirnos orgullosos de quienes somos como HUMANIDAD y pararle ahí? ¿Qué importa el lugar de nacimiento siendo algo tan fortuito? ¿y qué función tiene sentirse orgulloso de eso?  

Son palabras huecas que se repiten más que nada por costumbre y por CONDICIONAMIENTO SOCIAL. Pero esto es algo que la gran mayoría de las personas no lo va a poder/querer ver. Tristemente, no estamos CONDICIONADOS para tener una individualidad real, solo relativa. Como sociedades seguiremos dando un valor especifico a todos esos conceptos que se nos han medio inculcado con las clases de ciencias sociales y civismo por esos maestros que iban a dar clases una o dos veces a la semana.    

No hay que equivocarnos. Lo que se tiene que arreglar es la capacidad misma de cada persona de tener un pensamiento crítico, analítico y humanista. Lo que se tiene que revaluar son nuestras propias limitaciones cognitivas que dan pie a todos esos disparates que se gritan a todo pulmón con una chela en la mano sin tener un entendimiento real de lo que significan. Y esto es para todos por igual, desde las personas más humildes hasta los más “educados” porque me he topado con más de un licenciado o doctor con tantas o más limitaciones ideológicas que alguien que apenas terminó la prepa.      

“En tierra de ciegos…” dice el refrán, y a esto tristemente cierto yo le añadiría un “los tuertos fomentan la ceguera.”

No quiero ser el loco hablando de una “Revolución de la conciencia humana”, pero con una pequeña Evolución me conformo. Aplaudo a todos aquellos que legítimamente se preocupan por ver las cosas más allá de sus narices. Es un comienzo. ¿Orgullo de ser mexicano? Ok, si el sentimiento es genuino vale. Pero eso también es solo un comienzo.

Y así como la decadencia comenzó, bueno… en realidad nos hemos mantenido en un perpetuo estado cíclico de esterilidad intelectual desde el inicio de los tiempos en los que solo progresamos apenas lo suficiente para ser una sociedad relativamente funcional. Entonces, así como COMENZAMOS a evolucionar lo podemos seguir haciendo, pero esto requiere de mucho trabajo del que más difícil resulta: El individual.


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domingo, 4 de septiembre de 2011

Mi Mundo de Quimeras

quimera s. f.

1.- Sueño o creación imaginaria que se toma como real, siendo ilusoria, casi imposible de conseguir.

2.- Animal imaginario con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón que vomita llamas por la boca.

Queridos amigos,

Primero que nada, un fuerte abrazo y un efusivo saludo a todos. Algunos de ustedes ya saben de mi pasión por las letras y también de cuanto me gusta compartir lo que escribo, es por esto y por algunas otras razones que decidí “revivir” este blog.

Por cuestiones de trabajo y familia tenía tiempo que había abandonado el arte de la composición, pero si de algo estoy seguro es de que esto es algo que NO puedo (ni quiero) dejar. Hay algo acerca de las letras que simplemente me llena de satisfacción y por supuesto que lo quiero seguir fomentando en mí.

Recientemente comencé a escribir con más regularidad en mi blog en inglés: Poker With Zen y lo he estado disfrutando mucho. Sin embargo, siento como que por el lenguaje queda un espacio que no estoy cubriendo tanto en mí como en un gran porcentaje de las personas que son parte de mi entorno.

Una de las razones principales por las que escribo es porque aunque de repente puedo ser alguien sumamente privado, hay mucho que quiero compartir con la gente que quiero y con personas que tengan intereses similares a los míos. De alguna manera, creo que con este compartir se pueden acortar las distancias considerablemente, desarrollar aún más las amistades ya establecidas y generar nuevas y valiosas conexiones con gente de todos lados.

Otra de las razones por las que escribo es porque creo que tengo en mi alguna que otra novela que algún día verá la tinta de la imprenta, ya sea en inglés o en español, y pues quiero seguir puliendo mi uso de los dos lenguajes en diferentes contextos. ¿Qué mejor que compartiendo con mi familia y amigos mi material, pensamientos y aventuras? Aunque esto puede ser un arma de dos filos lo reconozco, pero bueno, es un riesgo que habrá que correr.

Quiero decir también que escribo porque encuentro el proceso de la composición contemplativo y terapéutico, como que me ayuda a conocerme a mí mismo y a delinear de alguna manera organizada mis pensamientos y filosofía del existir. Creo que a veces sucede que no nos damos cuenta que tanto nos importa algo hasta que lo platicamos o damos nuestra opinión al respecto y este ejercicio sirve también para rebotar ideas en contra de nuestras paredes mentales, una forma de introspección.

Entonces, aprovechando las facilidades que ofrece la tecnología quiero escribirle a la gente que ha sido (y que es) importante en mi vida y ponerles al tanto de mis menesteres y aventuras. Quiero compartir con todos aquellos a los que les interese mi manera de ver la vida, mi trabajo literario y un poco de quien soy.

Bueno, de antemano muchas gracias por tomarse el tiempo de leer este breve prólogo. Espero que regresen constantemente a este blog, el cual retomo con mucho cariño y que voy a tener actualizado con mucha regularidad.

- 3dgar